Si tu hijo adolescente tiene sobrepeso, lo que más ayuda no es ponerle a dieta: es cambiar el entorno de casa y acompañarle sin señalarle. La valoración de cada caso corresponde a su pediatra y, si procede, a un dietista-nutricionista, que tendrán en cuenta su desarrollo, su historia clínica y su relación con la comida.
Este artículo original de 2017, se ha revisado y publicado en 2026 en base a la nueva evidencia científica consultada.
¿Por qué las dietas no son la respuesta en la adolescencia?
La adolescencia es una etapa de crecimiento. El cuerpo está construyendo hueso, músculo y sistema nervioso, y necesita energía y nutrientes para hacerlo.
Restringir la comida en pleno desarrollo puede interferir en ese proceso. Soliman A, et al (2022) realizaron una revisión en la que señalaron que durante la adolescencia aumentan notablemente las necesidades de energía, proteínas y micronutrientes y que una nutrición insuficiente puede retrasar el inicio y la progresión de la pubertad.
Neale J, et al (2020) también llevaron a cabo una revisión de 27 estudios que concluyó que los niños y adolescentes con trastornos alimentarios restrictivos presentan riesgo de alteración del crecimiento y retraso puberal. Además, la recuperación del crecimiento no siempre es completa.
Hay algo más, y pesa mucho: hacer dieta durante la adolescencia se ha asociado con una mayor probabilidad de desarrollar conductas alimentarias de riesgo y una relación más problemática con la comida a medio y largo plazo.
Patton GC, et al realizaron un estudio prospectivo de adolescentes de 14-15 años, durante tres años, las chicas que realizaban dietas muy restrictivas presentaron un riesgo aproximadamente 18 veces mayor de desarrollar un trastorno alimentario, y quienes hacían dieta de intensidad moderada, unas 5 veces mayor, respecto a quienes no hacían dieta.
Herle M, et al (2020) demostraron que, hacer dieta a los 14 años se asoció posteriormente con mayor probabilidad de atracones (OR 3,26) y conductas purgativas (OR 3,67) a los 16-19 años, incluso ajustando por IMC y conductas alimentarias previas.
De hecho, la Asociación Americana de Pediatría (AAP 2022) recomienda centrarse en hábitos saludables y no en “hacer dieta” o perseguir el peso, precisamente porque las dietas restrictivas durante la adolescencia se asocian con mayor riesgo de atracones, conductas compensatorias y trastornos de la conducta alimentaria.
En esta etapa la imagen corporal es frágil. Cuando la conversación en casa gira alrededor del peso, el mensaje que llega no es «quiero cuidarte», sino «hay algo mal en ti».
Por eso el objetivo no es que adelgace. El objetivo es que crezca sano, coma bien y se sienta a gusto en su cuerpo.
¿Qué sí funciona en casa?
Lo que funciona es cambiar el entorno, no a la persona. La familia entera cambia de hábitos, no solo él.
Comed juntos siempre que podáis y sin pantallas. El ambiente de la mesa influye más que cualquier lista de alimentos.
Lo que hay en casa es lo que se come. Tened a mano fruta, verdura, legumbres, pescados, huevos y frutos secos. No hace falta prohibir nada: basta con que lo fácil sea también lo saludable.
Dejad que regule su propia ración. Su apetito varía mucho de un día a otro, y eso es normal en pleno crecimiento. Respetad las señales de hambre y saciedad en lugar de corregirlas.
Que participe en la cocina. Cocinar en casa es una de las palancas más potentes, y de paso enseña algo que le servirá toda la vida. Tienes ideas en nuestro post sobre los beneficios de cocinar en casa y en estas recetas fáciles para toda la familia.
Cuidad el descanso y el movimiento. Buscad una actividad física que le resulte divertida, mejor en compañía. Practicar ejercicio moderado favorece la liberación de endorfinas, relajantes naturales que activan el buen humor y la motivación. Si se vive como un castigo, no se mantiene.
Ningún alimento está prohibido y ninguna comida hay que compensarla. Comer algo apetecible un sábado no es un fallo que haya que corregir el domingo.
Una referencia visual sencilla para organizar el plato en casa:

Fuera de casa también cuenta: si come en el colegio, puede interesarte lo que cambia con el nuevo Real Decreto para comedores escolares.
¿Qué señales de alarma hay que vigilar?
Estas señales no sirven para vigilar a tu hijo, sino para saber cuándo pedir ayuda. Si aparecen, no esperes.
- Se salta comidas, come a escondidas o esconde comida.
- Elimina grupos enteros de alimentos sin indicación médica.
- Hace ejercicio para «compensar» lo que ha comido.
- Va al baño justo después de comer de forma repetida.
- Se pesa muchas veces o habla de su cuerpo con angustia.
- Evita comer con otras personas o se aísla en las comidas.
- Cambios bruscos en su peso o en su crecimiento.
- Tristeza persistente, irritabilidad o pérdida de interés por lo que le gustaba.
Un trastorno de la conducta alimentaria no siempre se ve por fuera y puede aparecer con cualquier peso, como comentamos en este artículo específico. Ante la duda, consultar cuanto antes es siempre lo correcto.
¿Cuándo consultar?
Empieza siempre por su pediatra. Es quien valora el crecimiento, el desarrollo puberal y descarta causas médicas.
Si el pediatra lo considera, un dietista-nutricionista puede acompañar el cambio de hábitos con una valoración individual, adaptada a su edad, su actividad y su contexto familiar.
Si aparecen señales de alarma de la lista anterior, pide además valoración de salud mental infantojuvenil o psicología. En trastornos de la conducta alimentaria el abordaje es siempre multidisciplinar.
Referencias bibliográficas:
Neale J, Pais SM, Nicholls D, Chapman S, Hudson LD. What Are the Effects of Restrictive Eating Disorders on Growth and Puberty and Are Effects Permanent? A Systematic Review and Meta-Analysis. Journal of Adolescent Health. 2020;66(2):144-156.
Soliman A, et al. Nutritional interventions during adolescence and their possible effects. Acta Biomed. 2022;93(1):e2022087. DOI: 10.23750/abm.v93i1.12789.
Mountjoy M, et al. 2023 International Olympic Committee’s (IOC) consensus statement on Relative Energy Deficiency in Sport (REDs). Br J Sports Med. 2023;57:1073-1097. DOI: 10.1136/bjsports-2023-106994.
Herle M, et al. Association of Genetic and Phenotypic Assessments With Onset of Disordered Eating Behaviors and Comorbid Mental Health Problems Among Adolescents. JAMA Network Open. 2020.
Golden NH, Schneider M, Wood C; American Academy of Pediatrics. Preventing Obesity and Eating Disorders in Adolescents. Pediatrics. 2016;138(3):e20161649. Reafirmado por la AAP en 2022.
Patton GC, Selzer R, Coffey C, Carlin JB, Wolfe R. Onset of adolescent eating disorders: population based cohort study over 3 years. BMJ. 1999;318:765-768.
Este artículo es información general de educación nutricional y no sustituye la valoración individual de un profesional sanitario que conozca a tu hijo.
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