El hígado graso, también conocido como esteatosis hepática o Enfermedad Hepática Grasa No Alcohólica (EHGNA), tiene una gran incidencia en la población.
En este artículo te explicamos sus causas y cómo afrontarlo desde el punto de vista alimentario.
Qué es el hígado graso no alcohólico
El hígado graso no alcohólico (HGNA) consiste en la acumulación de grasa en el hígado de personas que no consumen alcohol en exceso.
Esta acumulación de grasa superior al 5% del peso del hígado puede generar inflamación y daño hepático si no se trata a tiempo.
El HGNA está estrechamente relacionado con factores metabólicos como la obesidad, resistencia a la insulina, diabetes tipo 2 y dislipidemia.
Es considerado la manifestación hepática del síndrome metabólico y puede evolucionar a formas más graves como la esteatohepatitis no alcohólica (EHNA), fibrosis y cirrosis hepática.
Se diagnostica cuando al menos el 5% de los hepatocitos (células del hígado) se ven saturados de ácidos grasos y triglicéridos porque no son capaces de eliminarlos.
Síntomas principales de la esteatosis hepática
La esteatosis hepática o hígado graso no suele presentar síntomas en sus etapas iniciales.
Por lo que muchas personas desconocen que lo padecen hasta que se detecta en análisis de sangre rutinario o en estudios de imagen como una ecografía.
En fases más avanzadas, cuando la enfermedad progresa y afecta la función hepática, pueden aparecer síntomas como:
- Fatiga persistente: una sensación constante de cansancio.
- Dolor o malestar en la parte superior derecha del abdomen: debido al agrandamiento del hígado.
- Hinchazón abdominal: acumulación de líquido en el abdomen.
- Ictericia: coloración amarillenta de la piel y los ojos.
- Heces pálidas y orina oscura: indicativos de problemas en la función hepática.
Incidencia de la esteatosis hepática o hígado graso
Se estima que afecta al 25 % de los españoles.
Normalmente se diagnostica tras una analítica en la que los valores de las transaminasas salen altas:
-GOT (ALT): Valor normal entre 0 y 37 U/L
-GPT (AST): Valor normal entre 0 y 41 U/L
-GGT: Valor normal entre 11 y 50 U/L
Ante la elevación de las transaminasas el médico suele recomendar una ecografía abdominal, en la que el hígado aparece con un brillo característico.
En casos más graves se puede realizar una biopsia, que permite ver la presencia de grasa (esteatosis), la inflamación y la fibrosis (tejido cicatrizante).
Causas del hígado graso
Su desarrollo está influenciado por hábitos alimenticios poco saludables, el sedentarismo y factores genéticos.
- Consumo excesivo y crónico de alcohol: es una de las principales causas del hígado graso. El alcohol puede provocar la acumulación de grasa en el hígado y causar inflamación, lo que puede llevar a enfermedades hepáticas más graves como la esteatohepatitis no alcohólica (EHNA) o la cirrosis.
- Obesidad y sobrepeso: son factores de riesgo importantes para el desarrollo de hígado graso no alcohólico (HGNA). El exceso de grasa corporal, especialmente alrededor del abdomen, puede causar resistencia a la insulina y alteraciones en el metabolismo de los lípidos, lo que puede contribuir a la acumulación de grasa en el hígado.
- Diabetes tipo 2 y resistencia a la insulina: están estrechamente relacionadas con el desarrollo de hígado graso no alcohólico. La resistencia a la insulina puede provocar un aumento en la producción de glucosa y lípidos por parte del hígado, lo que favorece la acumulación de grasa en el hígado.
- Dieta poco saludable: una dieta rica en grasas saturadas, hidratos de carbono refinados, azúcares añadidos y alimentos procesados puede aumentar el riesgo de desarrollar hígado graso.
- Factores genéticos: algunas personas pueden tener una predisposición genética a desarrollar hígado graso. Se han identificado varios genes que pueden estar asociados con un mayor riesgo de HGNA.
- Medicamentos: algunos medicamentos pueden causar hígado graso como efecto secundario, como antidiabéticos, estatinas para el colesterol, antihipertensivos, etc.
- Otros factores menos comunes: incluyen trastornos metabólicos hereditarios, pérdida rápida de peso, dietas extremas, cirugía de bypass gástrico y exposición a productos químicos tóxicos.
Hígado graso. Tratamiento
El cambio de hábitos alimentarios y un estilo de vida más activo y saludable puede desempeñar un papel importante en el manejo del hígado graso. Puedes seguir los siguientes consejos:
- Limita la ingesta de grasas saturadas y trans: estas grasas pueden aumentar la acumulación de grasa en el hígado. Evita alimentos fritos, comida rápida, bollería industrial, margarina y alimentos procesados que contengan grasas trans.
- Incluye grasas saludables: como las encontradas en el aceite de oliva, aguacates, nueces, semillas y pescados grasos (salmón, sardinas, trucha), pueden ayudar a reducir la inflamación y a mejorar la salud del hígado.
- Controla el consumo de azúcar y carbohidratos refinados: contribuyen a la acumulación de grasa en el hígado. Limita la ingesta de alimentos procesados, bebidas azucaradas, dulces y productos de bollería. En su lugar, opta por fuentes de hidratos de carbono complejos como cereales integrales, legumbres, frutas y verduras frescas y de temporada, siempre acompañadas de proteína.
- Aumenta la ingesta de fibra: la fibra soluble ayuda a reducir los niveles de colesterol y la acumulación de grasa en el hígado. Incluye alimentos como frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, semillas y frutos secos, en tu dieta diaria.
- Consume proteínas magras: incluye proteína en tus cinco comidas para estabilizar los niveles de insulina, como pollo sin piel, pavo, pescado, tofu, tempeh, claras de huevo y productos lácteos bajos en grasa. Además, las proteínas magras pueden ayudar a promover la reparación y el crecimiento celular en el hígado.
Hígado graso y cerveza o alcohol
- Limita el consumo de alcohol: el alcohol puede empeorar el hígado graso y aumentar el riesgo de enfermedad hepática. Si tienes hígado graso, es importante limitar o evitar por completo el consumo de alcohol.
- Mantente hidratado: bebe suficiente agua durante el día para mantener una buena hidratación y ayudar al hígado a eliminar toxinas.
Ten en cuenta que el hígado graso puede ser reversible si se identifica y se trata temprano.
La buena noticia es que se puede revertir o mejorar con cambios en el estilo de vida, especialmente con una alimentación equilibrada, manteniendo un peso saludable y ejercicio regular.
Es fundamental realizar chequeos médicos periódicos, especialmente si se tienen factores de riesgo como obesidad, diabetes tipo 2, hipertensión arterial, dislipidemia o consumo excesivo de alcohol.
Si te ha gustado este artículo síguenos en nuestras RRSS, Facebook, Twitter, Pinterest, Instagram o nuestro Canal de Youtube para recibir todos nuestros consejos.

Deja una respuesta