Este artículo original de 2017, fue actualizado en 2026 en base a la evidencia científica más reciente
En los últimos años ha aumentado mucho el interés por los psicobióticos, determinados microorganismos capaces de actuar sobre el eje microbiota-intestino-cerebro y que se están estudiando por su posible influencia sobre el estrés, la ansiedad, la depresión y otras funciones relacionadas con la salud mental.
Aunque los resultados son prometedores, conviene ponerlos en contexto: no todos los probióticos son psicobióticos, sus efectos dependen de la cepa concreta y no sustituyen a los tratamientos psicológicos o farmacológicos cuando están indicados.
Qué son los psicobióticos
El término psicobiótico fue propuesto en 2013 por Timothy Dinan, Catherine Stanton y John Cryan, investigadores de University College Cork (Irlanda), para describir microorganismos vivos que, administrados en cantidades adecuadas, podían producir beneficios sobre la salud mental a través del eje intestino-cerebro.
La definición ha ido ampliándose a medida que conocemos mejor la relación entre alimentación, microbiota y sistema nervioso. Actualmente existe interés no solo por determinados probióticos, sino también por prebióticos, simbióticos, metabolitos bacterianos y otros componentes capaces de modular la microbiota y sus funciones.
Sin embargo, es importante diferenciar entre una intervención que favorece una microbiota saludable y un verdadero efecto psicobiótico demostrado mediante estudios clínicos.
Microbiota y salud mental
La microbiota intestinal está formada por billones de microorganismos que viven principalmente en nuestro intestino.
Cada persona presenta una composición microbiana diferente, determinada por numerosos factores, entre ellos: alimentación, edad, entorno, actividad física, medicación, antibióticos, estado de salud, estrés y hábitos de vida.
Durante años se intentó relacionar determinadas enfermedades con proporciones concretas de grandes grupos bacterianos, como Firmicutes y Bacteroidetes. Hoy sabemos que la microbiota es mucho más compleja y que no podemos explicar la obesidad, la depresión u otras patologías mediante una simple proporción entre dos grupos de bacterias.
Más que buscar una única “microbiota ideal”, la investigación actual estudia su diversidad, sus funciones metabólicas, las especies y cepas presentes y, especialmente, las sustancias que producen estos microorganismos.
Qué es el eje microbiota-intestino-cerebro
¿Alguna vez has sentido un “nudo en el estómago” antes de un acontecimiento importante o molestias intestinales durante una época de estrés?
Son ejemplos cotidianos de la comunicación que existe entre el aparato digestivo y el cerebro.
El eje microbiota-intestino-cerebro es un sistema de comunicación bidireccional en el que participan: el sistema nervioso central, el sistema nervioso entérico, el nervio vago, el sistema inmunitario, el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal (HPA), hormonas intestinales y metabolitos producidos por la microbiota.
Esto significa que el cerebro puede modificar la función intestinal y, al mismo tiempo, determinadas señales originadas en el intestino pueden alcanzar o influir sobre el sistema nervioso.
Cómo puede influir la microbiota sobre el cerebro
Todavía se están investigando muchos de los mecanismos implicados, pero existen varias vías especialmente interesantes.
Nervio vago
El nervio vago constituye una de las principales vías de comunicación entre el intestino y el cerebro.
Algunos de los primeros experimentos con psicobióticos demostraron en animales que determinados efectos sobre el comportamiento desaparecían cuando se interrumpía la señalización vagal.
Estos estudios ayudaron a demostrar que la microbiota podía enviar señales al sistema nervioso, aunque los resultados obtenidos en animales no pueden extrapolarse directamente a humanos.
Sistema inmunitario e inflamación
La microbiota mantiene una estrecha relación con el sistema inmunitario intestinal.
Una alteración de esta interacción puede modificar la producción de diferentes mediadores inflamatorios y la inflamación crónica de bajo grado se está investigando como uno de los factores relacionados con algunos trastornos neuropsiquiátricos.
Esto no significa que la depresión o la ansiedad sean simplemente consecuencia de una “mala microbiota”. Son trastornos multifactoriales en los que intervienen numerosos factores biológicos, psicológicos y sociales.
Neurotransmisores y sustancias neuroactivas
Determinadas bacterias intestinales pueden producir o influir sobre compuestos relacionados con neurotransmisores como: GABA, serotonina, dopamina y acetilcolina.
Gran parte de la serotonina del organismo se produce en el intestino, pero la serotonina intestinal no atraviesa directamente la barrera hematoencefálica. La relación entre microbiota y neurotransmisores es bastante más compleja.
Ácidos grasos de cadena corta
Cuando las bacterias intestinales fermentan determinadas fibras producen ácidos grasos de cadena corta (AGCC), principalmente: acetato, propionato y butirato.
Estos metabolitos intervienen en la función de la barrera intestinal, el metabolismo y la regulación inmunitaria y pueden participar indirectamente en la comunicación intestino-cerebro.
El butirato, además, constituye una fuente de energía especialmente importante para las células del colon.
Por eso el consumo de alimentos ricos en fibra, como legumbres, frutas, verduras y cereales integrales, resulta relevante para mantener una microbiota metabólicamente activa.
¿Funcionan realmente los psicobióticos?
La respuesta corta es: algunos parecen tener efectos beneficiosos, pero todavía no podemos hablar de un tratamiento universal.
Una revisión sistemática publicada en 2024 analizó 51 ensayos clínicos aleatorizados con 3.353 participantes y encontró las señales más favorables en la mejoría de los síntomas depresivos.
Posteriormente, un metaanálisis publicado en 2025 sobre personas con depresión o ansiedad diagnosticadas encontró que determinadas intervenciones con probióticos podían reducir modestamente estos síntomas.
En 2026, un nuevo metaanálisis que reunió 70 ensayos clínicos encontró reducciones significativas tanto de los síntomas depresivos como de ansiedad con intervenciones basadas en probióticos, prebióticos o simbióticos.
Sin embargo, los propios investigadores advierten de una elevada heterogeneidad entre los estudios: se utilizan microorganismos diferentes, dosis diferentes, duraciones distintas y poblaciones muy variadas.
Por ello, actualmente los psicobióticos deben considerarse una posible estrategia complementaria y no una alternativa a la psicoterapia o los tratamientos farmacológicos cuando son necesarios.
Psicobióticos y depresión
La depresión es probablemente el ámbito de la salud mental en el que existe una señal más consistente de posible beneficio.
Las revisiones y metaanálisis recientes sugieren que algunos probióticos pueden producir una mejoría de los síntomas depresivos, especialmente cuando se utilizan como complemento de otras intervenciones.
Sin embargo, todavía no podemos recomendar de manera general “un probiótico para la depresión”.
Para poder hacerlo necesitamos conocer: la cepa exacta, la dosis, la duración del tratamiento, el tipo de paciente, la medicación concomitante y la situación clínica de partida.
Psicobióticos para ansiedad y estrés
También existen resultados interesantes en ansiedad y respuesta al estrés, aunque la evidencia es algo menos uniforme. Una de las cepas más estudiadas es Bifidobacterium longum 1714.
En pequeños ensayos realizados en voluntarios sanos se ha asociado su consumo con cambios en la respuesta al estrés, actividad cerebral y determinados parámetros cognitivos.
En 2026 se publicó además un ensayo clínico aleatorizado y doble ciego con esta cepa en adultos con síntomas depresivos leves o moderados, lo que refleja cómo la investigación psicobiótica está pasando progresivamente de los modelos animales a ensayos clínicos más específicos.
No todos los probióticos son psicobióticos
Los efectos de los probióticos son fundamentalmente cepa-específicos.Un conocido estudio encontró que la cepa Lactobacillus rhamnosus JB-1 modificaba determinados receptores de GABA y algunos comportamientos relacionados con ansiedad y estrés. Pero aquel experimento se realizó en ratones.
Esto no significa que cualquier suplemento de L. rhamnosus produzca un efecto ansiolítico en humanos, y mucho menos que tenga un efecto equivalente al de un medicamento ansiolítico.
Probióticos, prebióticos y simbióticos: no son lo mismo
Aunque muchas veces se utilizan indistintamente, son conceptos diferentes.
Probióticos
Son microorganismos vivos que, administrados en cantidades adecuadas, producen un beneficio para la salud del huésped. No todas las bacterias presentes en un alimento fermentado pueden considerarse probióticas.
Prebióticos
Son sustratos utilizados selectivamente por determinados microorganismos y capaces de producir un beneficio para la salud.
Entre los componentes de la alimentación con potencial prebiótico encontramos determinadas fibras y compuestos como fructooligosacáridos (FOS), galactooligosacáridos (GOS) o inulina.
Simbióticos
Combinan microorganismos vivos con sustratos destinados a favorecer su actividad o la de microorganismos de la microbiota.
¿Los alimentos fermentados son probióticos?
No necesariamente. Alimentos como yogur, kéfir, chucrut, kimchi, miso, tempeh o kombucha se producen mediante fermentación microbiana, pero alimento fermentado y alimento probiótico no son sinónimos.
Para considerar probióticos a los microorganismos de un alimento deben estar suficientemente caracterizados y existir evidencia de un beneficio para la salud en las cantidades consumidas.
Algunos alimentos fermentados pueden formar parte de una alimentación saludable y contribuir a aumentar la variedad de alimentos y microorganismos a los que estamos expuestos, pero no podemos atribuirles automáticamente efectos antidepresivos o ansiolíticos.
Alimentos que favorecen una microbiota saludable
Más que buscar un único “alimento psicobiótico”, resulta mucho más interesante cuidar el patrón alimentario en conjunto.
1. Legumbres
Las lentejas, garbanzos, alubias y otras legumbres aportan fibra y almidón resistente que pueden ser utilizados por diferentes microorganismos intestinales.
2. Cereales integrales
Avena, cebada, centeno, arroz integral y otros cereales integrales aportan diferentes tipos de fibra y compuestos bioactivos.
3. Frutas y verduras
Cuanto mayor sea la variedad, mayor será también la diversidad de fibras, polifenoles y otros compuestos que llegan al intestino.
Manzanas, frutos rojos, cítricos, plátanos, cebolla, ajo, puerros, espárragos o alcachofas son algunos ejemplos interesantes.
4. Frutos secos y semillas
Además de fibra, aportan grasas insaturadas y polifenoles que pueden contribuir favorablemente a la diversidad de la microbiota.
5. Yogur y kéfir
Pueden aportar microorganismos vivos dependiendo del producto y del procesamiento utilizado.
6. Otros alimentos fermentados
Miso, tempeh, chucrut o kimchi pueden aumentar la diversidad alimentaria, aunque sus microorganismos y concentraciones varían considerablemente entre productos.
7. Alimentos ricos en polifenoles
Cacao, frutos rojos, aceite de oliva virgen extra, café, té, uvas y determinadas especias aportan polifenoles que interactúan con la microbiota intestinal.
Dieta con efecto psicobiótico: más importante que un suplemento
La microbiota se ve influida por el conjunto de nuestra alimentación.
Una dieta rica en alimentos vegetales aporta diferentes fibras fermentables que sirven de sustrato para la microbiota y favorecen la producción de metabolitos como los ácidos grasos de cadena corta.
Por el contrario, una alimentación monótona y pobre en fibra reduce el número de sustratos disponibles para las bacterias intestinales.
No necesitamos buscar alimentos exóticos para cuidar el eje intestino-cerebro. Una dieta basada en: verduras y hortalizas variadas, frutas, legumbres, cereales integrales, frutos secos y semillas, aceite de oliva virgen extra, pescado y algunos alimentos fermentados puede aportar muchos de los componentes que necesita nuestra microbiota.
Estrés, sueño, ejercicio y microbiota
La alimentación no es el único factor. El estrés crónico puede modificar la función gastrointestinal y la interacción entre microbiota, sistema inmunitario y sistema nervioso.
También influyen: el sueño, la actividad física, el consumo de alcohol, el tabaco, determinados medicamentos y el uso de antibióticos.
Esto refuerza una idea importante: no podemos mejorar la salud mental simplemente añadiendo un probiótico mientras ignoramos el resto del estilo de vida.
Antibióticos y microbiota
Los antibióticos pueden modificar profundamente la microbiota intestinal, aunque en muchas situaciones son tratamientos imprescindibles.
Por este motivo deben utilizarse cuando estén indicados y siguiendo la pauta prescrita.
¿Cuándo puede tener sentido un suplemento con psicobióticos?
Los complementos con determinadas cepas pueden tener interés en situaciones concretas, pero su elección debería realizarse atendiendo a la evidencia disponible.
Antes de elegir un producto conviene comprobar: género, especie y cepa del microorganismo, cantidad de microorganismos aportada, dosis utilizada en los ensayos clínicos, duración estudiada, condiciones de conservación; e indicación concreta para la que se ha investigado.
Un producto que contenga muchas especies diferentes no tiene por qué ser mejor que uno con una única cepa bien estudiada.
¿Son seguros los psicobióticos?
En personas sanas, muchos de los probióticos utilizados habitualmente presentan un buen perfil de seguridad
La relación entre microbiota y salud mental ha pasado en pocos años de estudiarse principalmente en animales a contar con un número creciente de ensayos clínicos en humanos.
Los resultados actuales sugieren que algunas cepas probióticas y determinadas intervenciones dirigidas a la microbiota podrían ayudar a mejorar modestamente algunos síntomas relacionados con depresión, ansiedad o estrés.
Pero todavía existen importantes diferencias entre estudios y no conocemos qué cepas funcionan mejor para cada persona, qué dosis es óptima ni durante cuánto tiempo deberían utilizarse.
Si quieres que valoremos qué estrategia nutricional o qué tipo de probiótico puede ser más adecuado en tu caso, puedes consultarnos de forma individualizada.
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