Cuando pensamos en ir al nutricionista, muchas veces imaginamos que la primera consulta termina con una hoja llena de desayunos, comidas y cenas. Pero una pauta nutricional bien planteada no empieza ahí. Empieza mucho antes, conociendo a la persona que va a seguirla.
Porque comer no consiste únicamente en cubrir unas determinadas necesidades nutricionales. Comemos en unos horarios concretos, tenemos una rutina, una familia, un trabajo, unas preferencias, alimentos que no soportamos y otros a los que no queremos renunciar.
También tenemos una historia previa con la alimentación y, en algunos casos, tratamientos o circunstancias fisiológicas que es necesario tener presentes.
Por eso, antes de plantear cualquier pauta individualizada, hay una fase que es imprescindible: la valoración nutricional.
¿Qué se valora en una primera consulta de nutrición?
Una primera consulta no debería ser simplemente una conversación sobre cuánto pesas o qué quieres conseguir.
El objetivo es obtener una visión bastante más completa de tu situación. No todas las variables tendrán el mismo peso en todas las personas, pero hay varios aspectos que resulta importante conocer.
En nuestras consultas solemos hacer las siguientes preguntas:
Tu historia dietética
¿Qué sueles comer? ¿Cómo ha cambiado tu alimentación en los últimos años? ¿Has seguido anteriormente otras pautas o dietas? ¿Qué te resultó fácil y qué acabaste abandonando? ¿Tienes alguna alergia o patología?
La historia dietética permite entender de dónde partes. Y muchas veces aporta información que una fotografía puntual de lo que has comido durante uno o dos días no puede mostrar.
También ayuda a conocer rutinas muy consolidadas, cambios recientes o experiencias anteriores que pueden condicionar la manera en la que afrontas una nueva pauta.
Tus hábitos y tus horarios
No come igual alguien que trabaja de ocho a tres que una persona con turnos rotatorios. Tampoco quien puede cocinar con tranquilidad que el que llega a casa a última hora, viaja continuamente o come varios días por semana fuera.
Por eso interesa conocer a qué hora te levantas, cuándo comes, dónde lo haces, cuánto tiempo tienes para cocinar o si tus horarios cambian de un día para otro.
Una pauta puede ser nutricionalmente impecable sobre el papel y, sin embargo, resultar completamente inútil si no encaja en la vida de la persona que tiene que llevarla a cabo.
Actividad física y estilo de vida
La actividad física también forma parte de la valoración nutricional. No solo interesa saber si haces ejercicio, sino qué tipo de actividad realizas, con qué frecuencia y cómo se integra dentro de tu rutina habitual.
A esto se suman otros elementos del estilo de vida que pueden influir en la organización de las comidas y en la capacidad para mantener determinados cambios.
El objetivo no es acumular datos porque sí. Es entender el contexto en el que tiene que funcionar la pauta.
La situación fisiológica también importa
Las necesidades y circunstancias de una persona pueden variar a lo largo de la vida.
La edad y determinadas etapas fisiológicas, como el embarazo, la lactancia o la menopausia, forman parte de la información que debe tenerse en cuenta durante una valoración nutricional.
Lo mismo ocurre cuando existen tratamientos médicos en curso. Conocer la medicación y otros tratamientos que está siguiendo la persona ayuda a disponer de una visión más completa y, cuando es necesario, a coordinar adecuadamente la intervención nutricional con el seguimiento sanitario correspondiente.
No se trata de atribuir a la alimentación funciones que no le corresponden, sino precisamente de situarla dentro del conjunto de circunstancias de cada persona.
Tus gustos también forman parte de una dieta personalizada
Este punto parece obvio, pero a veces se olvida.
¿Qué alimentos te gustan? ¿Cuáles no comerías aunque aparecieran en el plan nutricional más perfecto del mundo? ¿Hay preparaciones tradicionales que forman parte de tu familia o de tu cultura?
Las recomendaciones poblacionales constituyen una referencia, pero al trasladarlas a una persona concreta hay que considerar su realidad.
De hecho, el Comité Científico de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) señala la importancia de tener en cuenta las costumbres alimentarias y culinarias, la cultura y el entorno, además de recordar que la alimentación debe resultar satisfactoria y agradable.
Puedes consultar el informe de AESAN sobre recomendaciones dietéticas para la población española.
Esto explica algo importante: personalizar una pauta no significa simplemente cambiar unos alimentos por otros en un menú estándar.
Individualizar no es cuestión de intuición
Recoger toda esta información está muy bien, pero después hay que saber interpretarla.
Hay que distinguir qué aspectos son realmente relevantes, relacionar unos datos con otros, establecer prioridades y transformar todo ese conjunto de información en una estrategia que tenga sentido para esa persona.
Esa capacidad de valoración e individualización es una competencia técnica, no una cuestión de intuición ni de tener más o menos experiencia haciendo dietas. De hecho, constituye una parte central de la formación universitaria en Nutrición Humana y Dietética, también en modalidades como la carrera de nutricionista a distancia
La pauta inicial tampoco es el final del proceso
Hay otra idea importante: elaborar la primera pauta no significa que el trabajo haya terminado.
Una intervención nutricional es un proceso dinámico. Después de empezar hay que comprobar cómo funciona en la práctica.
¿Se adapta a los horarios reales? ¿Es fácil de integrar en la organización familiar? ¿Han aparecido dificultades que no se habían previsto? ¿Han cambiado las circunstancias personales? ¿Hay aspectos de la pauta que necesitan modificarse?
El Nutrition Care Process de la Academy of Nutrition and Dietetics organiza precisamente la atención nutricional en fases relacionadas entre sí: valoración y reevaluación, diagnóstico nutricional, intervención y seguimiento o evaluación.
Es decir, el seguimiento no aparece como algo independiente que se añade al final, sino como parte del propio proceso de atención nutricional.
El seguimiento nutricional no es un extra
Esto cambia bastante la forma de entender una consulta de nutrición.
El seguimiento no consiste simplemente en comprobar si alguien “lo ha hecho bien o mal”. Sirve para reevaluar, interpretar lo que ha ocurrido y reajustar cuando sea necesario.
Hay cuestiones que solo aparecen cuando una pauta sale del papel y se enfrenta a la vida cotidiana.
Una semana complicada de trabajo, viajes, comidas familiares, nuevos horarios, dificultades de organización o cambios en las preferencias pueden hacer necesario revisar lo planteado inicialmente.
Y modificar una pauta no significa necesariamente que la primera estuviera mal diseñada. Significa que estamos trabajando con personas y con circunstancias que pueden cambiar.
Porque una buena intervención nutricional no consiste en recibir una dieta genérica, sino en contar con una estrategia pensada para ti, revisada y ajustada cuando sea necesario.
Fuentes
- Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN). Informe del Comité Científico sobre recomendaciones dietéticas sostenibles y recomendaciones de actividad física para la población española. Consultar documento.
- Academy of Nutrition and Dietetics. Nutrition Care Process. Consultar fuente.
- Academy Quality Management Committee. Academy of Nutrition and Dietetics: Revised 2017 Standards of Practice in Nutrition Care and Standards of Professional Performance for Registered Dietitian Nutritionists. Consultar en PubMed.
Contenido en colaboración con Utamed

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